Tecnosuelos y economía circular: solución para la mejora ambiental y productiva para ecosistemas degradados o contaminados

Autor: Gerardo Soto, Ph.D. Académico del Departamento de Ciencias Ambientales y Recursos Naturales Renovables Universidad de Chile

Una cuestión de sentido común…

La gestión sostenible del medio ambiente y los recursos naturales es crucial para el crecimiento económico y el bienestar humano. Cuando se administran bien, los recursos naturales renovables, las cuencas hidrográficas y los paisajes terrestres y marinos productivos pueden ser la base del crecimiento sostenido e inclusivo, la seguridad alimentaria y la reducción de la pobreza.

Sin embargo, la integridad y la funcionalidad de estos activos naturales esenciales se ven cada vez más comprometidas. De acuerdo a cifras del Banco Mundial (2018), entre el 60 % y el 70 % de los ecosistemas del mundo se están degradando más rápido de lo que pueden recuperarse. La gestión inadecuada del medio ambiente y los recursos naturales da lugar a pérdidas económicas considerables. Por ejemplo la contaminación atmosférica ahora es el cuarto factor de riesgo más importante de muertes prematuras, y contribuye a 1 de cada 10 muertes en todo el mundo y da lugar a grandes pérdidas de bienestar e ingresos.

¿Y que ocurre en Chile?

Chile es un país cuya economía depende de sus recursos naturales, sean éstos renovables o no. La minería aparece como la principal actividad económica, aportando con 9,8 % del PIB el 2018. El sector agropecuario – silvícola con un 3,2 % y el sector electricidad, gas y agua con un 3,1 %. El factor común de todos estos sectores es la producción de residuos. Al respecto, solamente la minería deposita alrededor de 1.800.000 toneladas por día, equivalentes a 3 cerros Santa Lucía por semana. El sector sanitario en Chile genera anualmente 700.000 metros cúbicos de lodos, de los cuales el 57 % debe ir a rellenos sanitarios (cuando los hay), con los problemas de olores y la contribución al calentamiento global con las emisiones de metano. El sector agropecuario también produce una cantidad importante de residuos orgánicos, que no son fácilmente compostables (purines, alperujos), con el consiguiente problema de olores. Todas estas cifras, dejan afuera los residuos orgánicos domiciliarios, cuya producción bordea los 0,8 Kg/día/habitante.

¿Y quién podrá defendernos?

Del problema en su totalidad, nadie. Sin embargo, existen nuevas innovaciones que ayudan y pueden aportar en la conversión de pasivos ambientales a activos ambientales, y este es el caso de los tecnosuelos.

¿Qué es un tecnosuelo?

El concepto de Tecnosol (tecnosuelo) lo definió la FAO el año 2006 integrándolo como una categoría a la World Reference Base for Soil Resource (WRB). Corresponde a un sustrato que contiene más de un 20 % de “artefactos” en peso o volumen. Por artefactos se entienden todos los materiales terrestres que están en la superficie y que han sido hechos, manipulados o cambiados de sitio por el hombre. Antiguamente la FAO los denominaba materiales antropogeomórficos.

La experiencia con el uso de este tipo de sustratos, utilizados siempre en función de un objetivo previamente fijado, que puede ser desde mejorar las condiciones de un suelo en sus propiedades físico – químicas, controlar procesos de degradación ambiental física o química, o incluso reconstruir paisajes dañados por la actividad industrial, es muy prometedora. Ejemplos hay: las tierras pretas brasileñas, los arrozales en China o rehabilitando terrenos utilizados por la minería. Uno de los ejemplos más claros es el ejemplo son las minas de As Pontes, y más tarde la mina del Touro, en Galicia, España, que tuve el privilegio de visitar.

Posibilidad cierta para la minería…y otras industrias.

La palabra “Minería” en Chile, al margen de minerales y divisas, significa residuos, y en volúmenes difíciles de imaginar. Si bien se ha hecho esfuerzos por que el sector minero se haga cargo de ellos (Ley nº 20.551), hasta la fecha la minería no había podido acceder a soluciones que pudiesen hacerse cargo del problema, sobre todo por la escala.  Sin embargo, haciendo uso de esta innovación por primera vez la minería puede acceder a una solución. A este respecto, el caso español es muy interesante de analizar.

En los depósitos relaves de la mina de As Pontes, en Galicia, al no disponer de suficiente “tierra vegetal” para su rehabilitación, se elaboraron tecnosuelos a partir de diferentes materiales de la propia mina, como arenas, arcillas caoliníticas y micáceas o pizarras de diferente composición y grado de alteración, a las que se añadían cenizas de combustión de la central térmica y algunos residuos orgánicos disponibles. Con estos suelos, entre los años 1982 y 2007, se rehabilitaron más de la tercera parte de los depósitos de relaves (escombreras en España), con una extensión superior a las 1000 ha, y los bordes de mina, con una extensión de unas 400-500 ha. Hoy el relave de la mina de As Pontes es un ejemplo de recuperación, con diferentes premios, en la que además de haber mejorado la calidad de las aguas y recuperado el paisaje se ha desarrollado una extraordinaria biodiversidad vegetal y animal.

En la mina de cobre de El Touro, explotada durante 14 años (1974-1988), se han restaurado más de 400 ha con diferentes “suelos artificiales”, a los que desde el año 2006 llamamos Tecnosuelos (tecnosoles). Los depósitos de relaves tenían inicialmente un pH inferior a 3.0, altos niveles de Al, sulfatos, Mn, etc., en la disolución, que hacían imposible el crecimiento vegetal y, por tanto, el desarrollo de la cadena trófica. La vida estaba reducida a la presencia de organismos extremófilos (arqueobacterias, bacterias y algas resistentes a las condiciones hiperácidas, hiperoxidantes e hiperconductoras existentes en esos medios). No había hierba alguna, ni insectos, ni anfibios, reptiles o aves; y cada litro de agua formado a partir de la interacción de la lluvia con los materiales de los relaves de la mina contaminaba de 1000 a 10000 litros de agua dulce de los cursos de agua del entorno minero, de los que desaparecieron todos los peces, anfibios e insectos acuáticos.

La aplicación de diferentes Tecnosoles corrigió la situación, recuperándose la cadena trófica hasta los depredadores finales, la calidad de las aguas y las poblaciones acuáticas, y los suelos, aguas, ecosistemas y paisaje.

¿Y la economía circular, donde entra?

De acuerdo con la Unión Europea (2015), la economía circular consiste en alcanzar un modelo económico y productivo en el que “el valor de los productos, los materiales y los recursos se mantenga en la economía durante el mayor tiempo posible, y en la que se reduzca al mínimo la generación de residuos”. Es un concepto muy potente, y que puede aportar una parte de la solución a la abundante generación de residuos que tienen distintas industrias en Chile. La otra parte la aportan los tecnosuelos.

Actualmente, un grupo de investigadores y profesionales de la U. de Chile, de la U. de Santiago de Compostela en españa, de la U. de Orléans en Francia y de dos empresas: GEOSOLUM Y ARMONY Sustentable, con el apoyo de Aguas Andinas S. A. y la Comunidad de Aguas del Embalse La Paloma (CASEP), que agrupa a los agricultores de los embalses Recoleta , Cogotí y La Paloma, y financiados por el Gobierno Regional de Coquimbo, están trabajando en una solución que combina ambos conceptos: tecnosuelos y economía circular.

El objetivo es fabricar un sustrato a gran escala, que logre imitar un suelo tanto en sus funciones productivas como ecológicas, y que pueda ser dispuesto sobre los depósitos de relaves, permitiendo el control de la erosión y facilitando el desarrollo de la vida. Los insumos para tal desafío vienen de las plantas de tratamiento de aguas servidas y de los sedimentos de los embalses de riego agrícola, por ahora.

En resumen, el proyecto podría hacerse cargo de tres residuos: relaves mineros, lodos y sedimentos, provenientes de tres sectores importantísimos de la economía: minería, agricultura y del sector sanitario. Los beneficios son múltiples: transformar pasivos ambientales en activos, hacerse cargo de los residuos de industrias que no tenías solución y que aportan mucho a las economías regionales, bajar la tasa de emisión de gases de efecto invernadero al hacer uso de los lodos…En fin, las proyecciones son auspiciosas y se requiere el apoyo fuerte del Estado y el sector privado para poder continuar.

Estamos ad-portas de desarrollar una gran innovación, y que, de poder ser escalada, va a venir en ayuda, no solo de las empresas, sino también de comunidades, de personas que habitan el campo y las ciudades, que se ven afectadas todos los días ya sea por la contaminación del relave, ya sea por los olores de los lodos.

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